Lugares imprescindibles que descubrir en Cantabria
Cantabria posee un patrimonio natural y cultural tan variado que su lema, «Cantabria infinita», no resulta exagerado. En este documento se recogen veinte sitios destacados para una primera aproximación a la comunidad: ciudades con historia, enclaves de montaña, playas salvajes y valles cargados de tradiciones.

1. Santander: la capital costera con la bahía más bella
Santander es una ciudad marinera que sorprende por su bahía, considerada por los lugareños como una de las más bonitas del mundo. La capital cántabra combina playas urbanas como El Sardinero con jardines frente al mar (Piquío) y la Península de la Magdalena, que alberga un palacio y un pequeño zoo. Además, ofrece arquitectura contemporánea en el Centro Botín y monumentos como el de los Raqueros y la Catedral. Para disfrutar de un atardecer inolvidable, el faro de Cabo Mayor se encuentra en el extremo de la senda de Mataleñas.

2. Costa Quebrada: acantilados y arenales salvajes
La Costa Quebrada se extiende más de diez kilómetros y es conocida por sus formaciones rocosas y playas vírgenes. Arenales como Somocuevas, Portio, Arnía o el Madero son pequeñas calas donde la roca caliza se funde con la arena dorada y el Cantábrico cambia de temperamento según la marea. Para una puesta de sol memorable, las dunas de Valdearenas ofrecen un horizonte abierto. Aunque se puede recorrer en un día, se recomienda dedicar un fin de semana entero a esta zona.

3. Fuente Dé y Picos de Europa
El occidente cántabro está dominado por el macizo de los Picos de Europa, un sistema montañoso con cimas que superan los 2.500 metros. Desde la base de Fuente Dé, un teleférico asciende hasta los 1.823 metros en cuestión de minutos. Arriba, el mirador del Cable ofrece panorámicas vertiginosas y se abren senderos hacia los Puertos de Áliva y la Cabaña Verónica. Es un punto de partida ideal para descubrir la alta montaña sin grandes esfuerzos.

4. Valle de Liébana y el desfiladero de La Hermida
El Valle de Liébana agrupa cuatro valles encajados entre montañas, surcados por ríos y bosques frondosos que en otoño se tornan de colores vivos. La villa de Potes, con sus puentes medievales y torres antiguas, es una excelente base para explorar la comarca. Desde allí se accede al desfiladero de La Hermida, un cañón que alberga un balneario de aguas termales. También destacan el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, la iglesia prerrománica de Santa María de Lebeña y pueblos como Bejes o Mogrovejo, además de miradores como el de Santa Catalina y Cahecho.

5. Cicera y la ruta de las Agüeras
El pueblo de Cicera obtuvo el título de «pueblo bonito de Cantabria» en 2022. Desde aquí o desde el cercano Navedo parte la ruta de las Agüeras, un recorrido circular de unos once kilómetros con cascadas y pueblos pintorescos. Aunque no presenta dificultades técnicas, la ruta exige salvar desniveles y dura unas cinco horas. Es una excursión perfecta en primavera o durante el deshielo para disfrutar de los saltos de agua en su máximo esplendor.

6. Bosque de Secuoyas de Cabezón de la Sal
En las proximidades de Cabezón de la Sal se alza un sorprendente bosque de secuoyas gigantes, plantado en 1940 con fines madereros. Los árboles alcanzan más de cuarenta metros de altura y caminar entre ellos hace sentir diminuto al visitante. El acceso está señalizado y cuenta con aparcamiento a unos cinco minutos a pie. Dado su creciente éxito, conviene evitar las horas centrales del día y respetar las cortezas de los árboles para preservar este singular espacio.

7. Comillas y el Capricho de Gaudí
La localidad de Comillas alberga una de las pocas obras de Antonio Gaudí fuera de Cataluña: el Capricho, un palacete fantasioso de colores vivos que se puede visitar por dentro y por fuera. Comillas también conserva joyas como el Palacio de Sobrellano, la Universidad Pontificia y las callejuelas del casco antiguo, junto con el Monumento al Marqués de Comillas y el cementerio modernista. Su playa de casi un kilómetro, a un paso del centro, combina arena dorada con vistas al mar.

8. Santillana del Mar y las Cuevas de Altamira
Santillana del Mar, conocida como el pueblo de las «tres mentiras» porque ni es santa, ni llana, ni tiene mar, es uno de los núcleos históricos más bellos de la región. Sus calles empedradas están flanqueadas por casonas floridas y palacetes. Entre sus tesoros se encuentran la Colegiata de Santa Juliana, la Plaza Mayor y las torres del Merino y de Don Borja. Además, en el municipio se halla la famosa Cueva de Altamira, que actualmente se visita a través de una réplica en el Museo de Altamira. También merece una escapada la playa de Santa Justa con su ermita adosada a la roca.

9. Cueva El Soplao
Descubierta en el siglo XX durante la explotación minera, la cueva El Soplao se ha ganado el apodo de «Capilla Sixtina» del mundo subterráneo. Su interior alberga formaciones de estalactitas, estalagmitas y excéntricas concreciones que la diferencian de otras cavidades. La visita convencional combina un tramo en tren con otro a pie durante aproximadamente una hora, aunque existe una opción de aventura de dos horas y media equipada con casco y frontal. No se permiten fotografías en su interior.

10. Bárcena Mayor y Carmona
El pueblo de Bárcena Mayor, enclavado en el Parque Natural Saja-Besaya, conserva un aire medieval con menos de cien habitantes. Sus casonas montañesas de soportales y balcones de madera son la esencia de la arquitectura popular cántabra. Se recomienda visitar la iglesia de Santa María y los lavaderos públicos, así como emprender rutas de senderismo como la del Pozo de la Arbencia dentro del PR‑S 113. A escasa distancia se encuentra Carmona, otro pueblo de arquitectura tradicional, tranquilo y auténtico.

11. Nacimiento del río Ebro y Alto Campoo
La surgencia conocida como Fuentona de Fontibre, cerca de Reinosa, se considera tradicionalmente el nacimiento del río Ebro. Sin embargo, las aguas proceden en realidad del circo del pico Tres Mares y emergen en Fontibre tras un recorrido subterráneo. El entorno invita a pasear junto a manantiales cristalinos. A unos kilómetros se encuentra Alto Campoo, con una estación de esquí ideal para el invierno y rutas de senderismo en verano, como la subida al pico Tres Mares desde el Mirador Fuente del Chivo.

12. Faro del Caballo en Santoña
En la escarpada costa de Santoña se alza el Faro del Caballo, un pequeño faro sobre acantilados bañado por aguas de un intenso color turquesa. Para llegar, hay que recorrer una senda y descender setecientos escalones que luego habrá que subir de regreso. Como alternativa, se puede acceder en barco o kayak. Debido a su popularidad, se han impuesto restricciones de aforo y es necesario reservar horario en la web oficial.

13. Castro Urdiales
Castro Urdiales es un puerto marinero cerca de la frontera con el País Vasco que todavía conserva su fisonomía medieval. La estampa más fotografiada incluye el castillo-faro, la iglesia gótica de Santa María de la Asunción y un puente medieval. El casco antiguo alberga numerosos bares de pinchos y restaurantes que constituyen un reclamo gastronómico. Entre sus playas destacan la de Oriñón y las extensas arenales de Laredo.

14. Nacimiento del río Asón y valle de Soba
La cascada que da origen al río Asón ofrece una caída de setenta metros rodeada de un valle frondoso. La época ideal para visitarla es en invierno o primavera, cuando el caudal está en su punto máximo. La zona ofrece otros atractivos como el nacimiento y los rápidos del río Gándara, miradores como el de Aja y cuevas como la de Cullalvera, por lo que la visita puede prolongarse todo un fin de semana.

15. Valles Pasiegos: Pas, Miera y Pisueña
Los Valles Pasiegos forman el corazón verde de Cantabria y constituyen uno de los destinos de turismo rural más valorados de la región. Incluyen los valles del Pas, Miera y Pisueña. Para una visita exprés, destacan el pueblo de Liérganes y la parte alta del Valle del Miera en San Roque de Riomiera. En el Valle del Pas sobresalen localidades como Puente Viesgo, con sus cuevas prehistóricas del Monte Castillo y pueblos como Vega de Pas. No olvides probar los sobaos pasiegos en Ontaneda.

16. Valle de Valderredible
Al sur de Cantabria, casi en la frontera con Burgos, se extiende el Valle de Valderredible. Su principal atractivo es la ruta de ermitas rupestres con auténticas joyas del románico rural. Destacan las iglesias excavadas en la roca de Santa María de Valverde, Campo de Ebro, Arroyuelos y San Miguel, así como la colegiata románica de San Martín de Elines y el robledal de Monte Hijedo. Tampoco hay que perderse la cascada del Tobazo.

17. Península de Pechón
Entre las rías de Tina Mayor y Tina Menor se sitúa la Península de Pechón, uno de los secretos mejor guardados de la región. Una estrecha carretera de seis kilómetros permite contemplar panorámicas de bosques, acantilados y bancos de arena que emergen con la bajamar. Entre sus playas destacan El Pedrero, solitaria y virgen, y la lengua de arena de la playa de Amio.

18. San Vicente de la Barquera
San Vicente de la Barquera es una de las villas costeras más fotogénicas de la región. Su estampa combina el Puente de la Maza, el Castillo del Rey y la iglesia de Santa María de los Ángeles. El paseo marítimo recorre una ría cuya apariencia cambia con las mareas. Es un lugar ideal para disfrutar de la naturaleza y la arquitectura histórica.

19. Playa de Berellín
La playa de Berellín, también llamada playa de Prellezo, es un arenal salvaje rodeado de formaciones rocosas kársticas que encierran una bahía de aguas esmeralda. Con la marea baja, la franja de arena dorada se expande; en pleamar, el agua convierte la bahía en una gran piscina natural. Es ideal para ir con niños gracias a su poca profundidad.

20. Playa de Berria
Playa de Berria: entorno y ubicación
La playa de Berria se localiza en el estrecho corredor de tierra que conecta la península del monte Buciero con el municipio de Argoños. Su fachada norte se abre al mar Cantábrico, mientras que al sur limita con el espacio natural protegido de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, uno de los humedales más relevantes del norte de España.
Características físicas de la playa
Con una longitud aproximada de 2.200 metros, la playa se extiende entre el monte Brusco, al oeste, y el macizo del Buciero, al este. Su arena es fina y de tonalidad dorada, con una pendiente suave y una anchura media cercana a los 150 metros, que varía según el estado de la marea. Gracias a la calidad de sus aguas, la correcta gestión ambiental y los servicios disponibles, la playa de Berria ha sido reconocida en varias ocasiones con la Bandera Azul.
Ecosistema dunar y vegetación
El sistema de dunas que bordea la playa alberga una rica diversidad vegetal adaptada a este entorno costero. Entre las especies más habituales destaca el barrón, fundamental para la fijación y estabilidad de la arena, junto a otras plantas como la correhuela de duna, la lechetrezna, el cárice, el nardo marino o el cardo marino, que contribuyen al equilibrio natural del paisaje.
Accesos a la Playa de Berria
El acceso a la playa puede realizarse a pie desde el centro de Santoña, recorriendo unos 2,5 kilómetros en aproximadamente 30 minutos. También es posible llegar en bicicleta a través del carril bici, en autobús desde municipios cercanos o en coche. La zona cuenta con varios aparcamientos gratuitos señalizados, aunque durante la temporada alta de verano resulta complicado encontrar estacionamiento cercano al arenal.
Baño y actividades deportivas
Durante la temporada estival, el baño está permitido y vigilado, con zonas delimitadas para garantizar la seguridad frente a las corrientes. El oleaje y la habitual brisa hacen que la natación prolongada no siempre sea cómoda, pero sí muy divertida para disfrutar de las olas.
El surf es la actividad deportiva más destacada de la playa de Berria. Se trata de un enclave imprescindible para surfistas durante todo el año, especialmente con viento sur y marejada moderada. Las mareas influyen poco en la calidad de las olas, lo que permite sesiones largas. Con marea alta, las olas son más suaves y extensas, mientras que con marea baja adquieren una forma más potente y tubular. A pie de playa operan varias escuelas que ofrecen alquiler de material, cursos y campamentos de verano. También se practican otros deportes acuáticos como el kayak o el paddle surf.
Origen del nombre de la playa
El nombre de Berria procede del término “berro”, una planta que crece en zonas húmedas y que es habitual en las marismas situadas al sur de la playa. Ya en el siglo XVII aparece documentada como Playa de Berrio. Su proximidad al País Vasco llevó durante un tiempo a relacionar su denominación con el término vasco “berria”, que significa “nuevo”, dando lugar a nombres incorrectos como “Playa de Nueva Berria”, utilizados erróneamente en algunas publicaciones del siglo XX.